Haunting Ground
Habían pasado tres
días desde la última vez que la vi.
Sharon solía
recorrer el campo en busca de bayas y bellas flores que hacían juego con la
pureza de sus ojos, iba corriendo por una pequeña colina con el relieve mas
perfecto que jamás haya visto, en la plenitud de cada tarde. Siempre salía a
por ellas y ese día debía traer, además, unas hojas de una planta medicinal
para su abuela, no sé cual será, poco importa, pero la vieja las necesitaba
para una infección supongo, ya que trabajaba mucho en su huerta, al ser tuerta
no es de extrañarse si se hiere con alguna herramienta.
Yo soy un tonto,
pero me formé de esta manera, no es que no tenga capacidad de relacionarme con
su familia, simplemente, me gusta estar solo con las cosas que considero
hermosas en este mundo, que cada vez es arrasado más y más por las maquinarias
de los burgueses. Me gustaba ella, mucho, más que el espacio que se formaba
entre dos árboles en la zona más verde de la entrada al bosque, no entraba en
él porque no quería perturbar su naturaleza con mi imperfecta presencia, lo admiraba
a lo lejos. Esta, quizás, estúpida respetuosidad por la vida verde me impidió
en un principio a que me adentrara en su virgen profundidad a buscar a Sharon,
la chica de los ojos azules, del cabello de rayos del febo y recolectora de
colores. Decidí salir de mi casa, para empezar, ésta vez debía encontrarla,
tenemos un lazo insoslayable. Naturalmente, caí en la morada donde solía dormir
cuando bajaba la temperatura a un nivel molesto y tembloroso, la casa de sus
padres, o al menos, la casa de su madre, ya que su figura paterna la abandonó
cuando tenía 4 años. Ella no quería hablar de él, nunca, decían que tenía otra
familia en los pueblos de la Alta Simoé, pero sé bien que por la fecha que
datan su abandono, hubo una gran perdida humana en la caravana, atacada por los
Boris que salían de plena invernación. Cuando el hambre es terrible, produce
actos terribles, es la ley para todo ser vivo y así se subsistía. Habrá
terminado en algún estómago, luego digerido y al menos, regresó a la tierra,
por eso le decía a Sharon, cuando salía el tema de su padre a parlar, que él
siempre estaba cuidando de ella, no era por defenderlo, como ella acusaba.
Cruzando por
charcos de agua estancada, llegué a lo de su madre, repugnándome por dentro, la
dejadez es horrorosa para mí, es peor que estar muerto, porque es como estarlo
conscientemente, y eso significa no apreciar la vida que tenemos. Coloqué mi
mano sobre la ventana y con la derecha toqué los golpes característicos de una
visita, rápidamente, la triste e impotente señora abrió la puerta, me dejó
pasar. Sabía de mi incomodidad, pero el tema era otro, de tal forma que no me
dio pie para comenzar a preguntarle del paradero de mi querida amapola. Un
sinfín de palabras que parecían una tormenta giraban en torno a mí, más aun,
las acusaciones se tornaban más claras,
es una madre desesperada, era entendible, pero debía dejar de hacer hincapié en
las fallas de mi vida. ¿Por qué depositaba toda la culpa en mí?, ¿Acaso no ve
que también estoy sufriendo?, que no esté histérico no significa que no me
afecte la ausencia de la que me acusan, de todas formas, me esperaba algo
similar, siempre buscando la quinta pata
al gato, diría el Fogg-der del
pueblo. Me levante y seguí el camino que me llevara hacia ella. No quería
entrar al bosque. No aún. No soy un tipo tosco, no iba a lanzarme a la boca del
Singker sin antes saber y angustiarme un poco más.
Caminé diez
minutos en sentido al norte, tiempo suficiente como para ser insultado y ser
objetivo de varias rocas. No les simpatizaba mucho, no era como ellos,
entonces, no era para menos, siempre pensé que un día despertaría con la
cubierta de la casa ardiendo y las salidas selladas. El rechazo es cruel, cuanta
indiferencia, victimas de su propia ignorancia, podrán matarme, pero nunca me
uniré a sus orgías y devastadores festines en la plaza de piedra, muchas veces
morían por su propia inmundicia. Creo que la última roca me tonteó un poco,
pero recuerdo haber sangrado por el garnac superior, sí, sin lugar a dudas.
Debía subir la
colina o entrarme en el bosque. Defendí mi cobardía al sentir que ella no
tendría que estar en la gran arboleda oscura y mortuosa, claro, todo era fuera
de lo común, por lo tanto ese trayecto no tendría, bajo ninguna circunstancia que
ser normal, algo se cruzaría.
Oh que magnífica
fue mi madre, creadora de toda vida, justiciera, una nueva piedra me impacto otra
vez en el garnac, por lo que perdí la estabilidad un momento, suficiente como para
que los que me detestaban y querían quitarme la vida, se acercaran, al menos lo
suficiente como para tener poco margen de error con sus lanzamientos, que poco
a poco dejaban de ser rocas y se comenzó a tornar en una leve lluvia de
elementos punzantes, cortes en mi mano izquierda, golpes en la derecha y un
conjunto de distintos dolores en mi espalda no paraban de enviarme la señales
de dolor, ¿Qué podía decirles? Las aceptaba. La cúspide de mis sensaciones
ocurrió al minuto, cuando algo arrancó uno de mis dedos, el índice. Era un boris
pequeño, con cara inocente, y eso que los boris eran horrendos a la luz, ese
rostro era como una montaña de excremento con ojos y aliento frío. Grité de
dolor, pero no me escuché, mi sonido fue opacado y silenciado por el de
aquellos que estaban detrás mío, ellos si estaban sufriendo mas perdidas
corporales. Oh, que gran manada de boris se abalanzó sobre ellos, los había de
lomo plateado, los de garras más grandes y los pálidos que salían cada 2 años.
Alcé mi cuerpo, aceleré con todo lo que pude mi corazón, corrí y corrí hacia el
otro lado de la colina, mientras el mismísimo cielo se teñía de rojo. Calculo
que todos habrán muerto. Caí un par de veces, tenia múltiples heridas, cada
golpe repentino era peor, el suelo era duro y las rocas que ya no volaban hacia
mí, sino que yo me estrellaba contra ellas, también.
En algún momento
logré llegar a la huerta, abrí los ojos y una anciana me hablaba en lengua Cohm
y con un tono forzadamente alto. Claramente vi como había roto parte de una
planta, fue un momento raro, porque no sabía que yo estaba más triste y furioso
que ella por el machaque de los verdes claros, que aún tenían agua por absorber
y un numero incalculable de alimento para fabricarse. No me dejó pronunciar ni
una palabra, solo se irguió y mirando hacia el sur, dijo:
-ella está aquí y allá, está en todas partes, en la tierra donde estás
postrado, en el aire que estas respirando y allí donde descansaran tus restos
el día de mañana. Podrás ir al bosque cuanto desees pero solo encontraras un
recipiente vacío todas las veces. Sigue cuidándola como siempre lo has hecho,
veo que ya estas hidratándola.
Por unos segundos
olvidé todos mis pensamientos y prejuicios, solo quería estar con ella una vez
más, no quería despedirme prematuramente del mundo pero poco a poco, lagrima a
lagrima, iba uniéndome a ella, deberá perdonarme que me falta una extremidad
pero pronto estaré enteramente en cuerpo y alma para fundirme a su lado.